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sábado, 28 de julio de 2012

Severo Ochoa (1905-1993)

Luarca, Asturias, 1905 - Madrid, 1993) Bioquímico español que fue Premio Nobel de Fisiología y Medicina de 1959.
Su interés por la biología fue estimulado en gran parte por las publicaciones del gran neurólogo español Santiago Ramón y Cajal;  cursó estudios de medicina que, en aquella época, eran los que mejor salida daban a sus perspectivas futuras. Sin embargo, nunca ejerció la medicina.
En Severo Ochoa se unían dos elementos muy importantes. Por una parte pasión por su trabajo y gran disposición a realizarlo incluso en las condiciones más duras, junto con un talento innato para la investigación.

En la Universidad madrileña fue profesor ayudante de Juan Negrín y le fueron concedidas varias becas para ampliar sus estudios en las Universidades de Glasgow, Berlín y Londres, y principalmente en Heidelberg, concretamente en el Instituto Kaiser Wilhelm para la Investigación Médica; durante este periodo trabajó en la bioquímica y la fisiología del músculo, bajo la dirección del profesor Otto Meyerhof. Emigró a los Estados Unidos en 1941,  pasó a trabajar en la Universidad de Nueva York, donde permaneció gran parte de su vida. En 1956 se le concedió la nacionalidad americana; pero según sus propias palabras él siempre se consideró "un exiliado científico, no político".
Sus experimentos realizados en esta época sobre farmacología y bioquímica, especialmente en el campo de las enzimas, le valieron la Medalla Bewberg de 1951. Investigó el metabolismo de los hidratos de carbono y de los ácidos grasos, y descubrió una nueva enzima que aclaraba el mecanismo de oxidación del ácido pirúvico (ciclo de Krebs).

Llegó a desarrollar entonces, al principio de una forma un tanto sorpresiva pero luego con sólida metodología, una técnica capaz de servir para crear y modificar en laboratorio los compuestos químicos que son básicos para la vida, esto es, los componentes fundamentales de las moléculas en que se halla escrito nuestro código genético, el ADN y el ARN.En concreto, logró en 1954 descubrir en sus trabajos de fosforilación oxidativa la enzima denominada polinucleótido fosforilasa, con la que se puede sintetizar ARN in vitro. Esto es crucial porque el ARN es el “intermediario” en las complejas rutas metabólicas que parten de las “órdenes” genéticas en el ADN y culminan en la síntesis de proteínas o, para ser más claro todavía, descubrió cómo opera la “maquinaria” molecular que hace funcionar a las células. Y, así, a partir de entonces, se pudieron desvelar los misterios acerca de cómo las células vivas trabajan en realidad, descubriendo el código por el cual el ARN va organizando la síntesis de proteínas. Fue algo absolutamente trascendental que cambió para siempre la ciencia y dio paso a la era de la biotecnología y a toda una nueva medicina. La biología molecular nació entonces y, como justo premio a este hallazgo, le fue concedido el Premio Nobel junto a su discípulo Arthur Kornberg

En mayo de 1986 murió su mujer, y ello supuso para Severo un golpe muy duro que le sumergió en una especie de profunda depresión. A partir de entonces, Ochoa decidió no volver a publicar ningún trabajo científico más, con lo que puso totalmente fin a su brillante carrera. A partir de entonces se dedicó principalmente a dar conferencias, a atender a los medios de comunicación y a tratar con los estudiantes del Centro de Biología Molecular de Madrid. En junio de 1993, Severo Ochoa presentó en Madrid su biografía titulada La emoción de descubrir, escrita por el periodista Mariano Gómez-Santos, y en noviembre de ese mismo año murió en Madrid, a la edad de 88 años, a consecuencia de una neumonía

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