Mis certezas desayunan dudas.
Y hay días en que me siento extranjero en Montevideo y en cualquier otra parte.
En esos días, días sin sol, noches sin luna, ningún lugar es mi lugar y no consigo reconocerme en nada, ni en nadie.
Las palabras no se parecen a lo que nombran y ni siquiera se parecen a su propio sonido.
Entonces no estoy donde estoy.
Dejo mi cuerpo y me voy, lejos, a ninguna parte,
y no quiero estar con nadie, ni siquiera conmigo,
y no tengo, ni quiero tener, nombre ninguno:
entonces pierdo las ganas de llamarme o ser llamado...
... Mientras dura la mala racha, pierdo todo.
Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria:
pierdo llaves, lapiceras, dinero, nombres, caras, palabras.
Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal
y me piensa peor, o pura casualidad,
pero a veces el bajón demora en irse
y yo ando de pérdida en pérdida,
pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco,
y siento mucho miedo
de que se me caiga la vida en alguna distracción
(Eduardo Galeano-El libro de los abrazos)
Se me caen las cosas de los bolsillos y de la memoria:
pierdo llaves, lapiceras, dinero, nombres, caras, palabras.
Yo no sé si será gualicho de alguien que me quiere mal
y me piensa peor, o pura casualidad,
pero a veces el bajón demora en irse
y yo ando de pérdida en pérdida,
pierdo lo que encuentro, no encuentro lo que busco,
y siento mucho miedo
de que se me caiga la vida en alguna distracción
(Eduardo Galeano-El libro de los abrazos)

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