
Williams James, padre de la psicología americana, se preguntaba
ante el hecho cotidiano de levantarse cada día por la mañana: ¿Cómo lo
conseguimos, si tenemos tantas razones para no hacerlo? Se sobrentiende que
disponemos de un mecanismo irreductible al que llamamos "fuerza de
voluntad" o, al menos, la suficiente automotivación para no ceder a los
impulsos de la pereza, la ociosidad o el sinsentido
La voluntad
para la lucha, la capacidad de sacrificio y el afán de superación. Si no se
consiguen, se cae en la mediocridad, el desorden, la dejadez... Por eso, no es
de extrañar que hayan llamado a la fuerza de voluntad la facultad de la
victoria.
Una
tarea urgente para hacer de los niños personas que sepan afrontar las
dificultades, consiste en enseñarles el VALOR DEL ESFUERZO, la necesidad de una
fuerza de voluntad fuerte. Entre los 7 y los 12 años (periodo conocido como
preadolescencia) los individuos se encuentran en un momento decisivo de su
vida. Es la etapa de educarles en la generosidad, ayudarles a ser
trabajadores, sinceros... Y, por supuesto, es cuando se da el impulse de salida
para crear en ellos la capacidad de esfuerzo. Para poder inculcar en sus hijos
el valor del esfuerzo y una educación basada en el mismo, es necesario tener en
cuenta unos criterios generales:
- El
ejemplo tiene una gran importancia, especialmente el de los padres. Hay que presentar el esfuerzo como algo
positivo y necesario para conseguir la meta propuesta
- Es necesario cierta exigencia por parte de los adultos.
Con los años, es lo deseable, se transformará en autoexigencia. Hay que plantear metas a corto plazo,
concretas, diarias, que los adultos puedan controlar fácilmente: ponerse a
estudiar a hora fija, dejar la ropa doblada por la noche, acabar lo que se
comienza, etc.
- Las tareas que se propongan a los
niños han de suponer
cierto esfuerzo, adaptado a las posibilidades de cada uno. Que los chicos
se ganen lo que quieren conseguir. Las tareas tendrán una dificultad graduada y
progresiva, según vayan madurando. Conseguir metas difíciles por sí mismos,
gracias al propio esfuerzo, les hace sentirse útiles, contentos y seguros.
- Muchas veces el fracaso será más eficaz que el éxito en la
búsqueda de una voluntad fuerte. Y es que a nuestro entender, son dos los
conceptos claves para la promoción del esfuerzo: voluntad y motivación.
La
VOLUNTAD se puede trabajar y entrenar día a día con el fin de
automatizar los comportamientos y así, disminuir la sensación de esfuerzo. La
paciencia es el soporte esencial de la voluntad y si el adulto no es capaz de
tenerla, mal va a poder enseñarla al niño.
No hay esfuerzo si no hay motivo. Sin MOTIVACIÓN es imposible que alguien luche por una meta. Sin una meta, sin un objetivo… no existe el
movimiento.
Será de la motivación de donde surja la disposición para el esfuerzo. Por tanto es básico conocer, aplicar y generar motivaciones que impulsen al niño.
Artículo completo:
http://www.mercaba.org/ARTICULOS/E/valor_del_esfuerzo_en_la_formaci.htm
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