Cada persona se enfrenta a las cosas de una manera distinta. No creo que encontremos dos familias que hayan reaccionado igual ante un diagnóstico de Asperger. Hay quien llora, quien no quiere creérselo, hay quien lo niega tajantemente, hay quien lo admite con resignación y quien se siente aliviado.
Y era verdad, necesitábamos unas pautas, pero lo cierto es que cuando sabes exactamente dónde te encuentras, esas pautas son mucho más precisas, más eficaces, más adecuadas… Cuando sabes que tu hijo es Asperger, lees muchas cosas, hablas con muchas personas, buscas respuestas y explicaciones… Cuando sabes que tu hijo es Asperger, de repente lo entiendes mucho mejor, comprendes el por qué de sus reacciones, de sus manías, de sus rabietas… También eres capaz de ponerte en su lugar y tratar de evitarle situaciones incómodas, de adaptarte un poquito a él para que su vida sea más cómoda y la de los demás… también.
Porque yo sabía que pasaba algo pero mientras no sabía exactamente qué, mientras dábamos tumbos de un profesional a otro buscando respuestas, me sentía un poco perdida. Después nos fueron apuntando la posibilidad de que fuese Asperger y empecé a buscar información. Cuanto más leía, más veía reflejado a mi hijo en las historias de otros niños como él.
Y cuando, por fin, nos dieron el diagnóstico, que confirmamos con una segunda opinión, la sensación fue, como digo, de alivio. Porque el conocimiento te da las herramientas que necesitas. Si niegas el problema, si no lo asumes, no vas a hacer que desaparezca y, desde luego, no vas a poder ayudar a tu hijo.
Sabemos que el Asperger no es una enfermedad, no se cura. Pero sí podemos ayudarles a tener una vida plena, a integrarse en la sociedad con sus diferencias, como los demás lo hacen con las suyas, podemos facilitarles un entorno en el que se sientan felices, seguros…
Artículo:http://mysweetaspie.wordpress.com/2013/04/18/diagnostico-asperger/
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