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viernes, 30 de noviembre de 2012

APOYAR EL DUELO

Una de las formas habituales que tenemos de actuar cuando deseamos acompañar a una persona que está en duelo, es pedirle que salga rápidamente del estado de pena o rabia en que se encuentra. El resultado de esta conducta en general es negativo y pone a la persona inmediatamente a la defensiva y deja de prestar atención a lo que escucha. 

Cada vez que le pedimos a una persona que sea diferente a como es o que sienta distinto a como está sintiendo, ponemos al otro en una actitud de negar su realidad, causándole confusión y angustia.

A aquel que está sufriendo debe permitírsele experimentar su pena en su total dimensión. Él o ella estará realmente agradecido(a) de aquellos que pueden sentarse a su lado sin decirles lo que tienen que hacer ni pedirles que no estén tristes.

El consejo que uno podría darle a una persona en duelo es que no permita que nadie le desvalorice la importancia de sus sentimientos de rabia o depresión tratando de cambiárselos. Cualquier sentimiento debe ser aceptado, ya que son formas de defensa de la integridad del yo del sufriente. Muchas veces, las personas que están sufriendo se ponen irritables, desean permanecer en cama, no moverse, expresan todo en forma tensa, no pueden concentrarse y se sienten incapaces para iniciar cualquier actividad. Estas conductas no deben ser criticadas, sino por el contrario respetadas y entendidas.

Tener un acercamiento crítico en esos momentos es como prender un botón de alarma, que puede llevar a la persona a profundizar sus sentimientos de dolor y de rabia, dirigiéndolos contra aquel que no es capaz de comprender o compartir los sentimientos reales que la embargan.

“El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo a cenizas” (Shakespeare).
Las personas más indicadas para acompañar en el duelo son aquellas que evitan: controlar el dolor del otro, dirigir todo aquello que los rodea, racionalizar o tratar de explicar totalmente los hechos, actuar en forma enjuiciadora ante los problemas; no son indicados aquellos que minimizan las pérdidas y tratan de ponerle límite a la situación, sino quienes son capaces de aceptar los múltiples cambios de estado de ánimo que afectan a quienes están de duelo.

En la sociedad actual difícilmente se le autoriza a los dolientes a expresar su pena en forma natural. Amigos y conocidos, al principio, pueden escuchar atentos e intentar consolar a la persona que está en duelo, pero poco a poco van volviendo a la rutina diaria y probablemente van modificando su actitud, exigiendo al doliente un cambio en su comportamiento y transmitiéndole mensajes como “la vida sigue”, “no te atormentes más” o “tienes que intentar olvidar”, “hay que salir y distraerse”. Se tiende a pensar que la pérdida hay que superarla rápidamente y sin ningún tipo de ayuda, aunque realmente no es así, el peso del dolor resulta más soportable mientras más espaldas carguen con él.

 http://doloryrecuperacion.blogspot.com.es/search/label/Testimonios

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