Una de las formas habituales que tenemos de actuar cuando deseamos acompañar a
una persona que está en duelo, es pedirle que salga rápidamente del estado de
pena o rabia en que se encuentra. El resultado de esta conducta en general es negativo y pone a la persona
inmediatamente a la defensiva y deja de prestar atención a lo que escucha.
Cada vez que le pedimos a una
persona que sea diferente a como es o que sienta distinto a como está sintiendo,
ponemos al otro en una actitud de negar su realidad, causándole confusión y
angustia.
A aquel que está sufriendo debe permitírsele experimentar su pena en su total dimensión. Él o ella estará realmente agradecido(a) de aquellos que pueden sentarse a su lado sin decirles lo que tienen que hacer ni pedirles que no estén tristes.
A aquel que está sufriendo debe permitírsele experimentar su pena en su total dimensión. Él o ella estará realmente agradecido(a) de aquellos que pueden sentarse a su lado sin decirles lo que tienen que hacer ni pedirles que no estén tristes.
El consejo que uno podría darle a una persona en duelo es
que no permita que nadie le desvalorice la importancia de sus sentimientos de
rabia o depresión tratando de cambiárselos. Cualquier sentimiento debe ser
aceptado, ya que son formas de defensa de la integridad del yo del sufriente.
Muchas veces, las personas que están sufriendo se ponen irritables, desean
permanecer en cama, no moverse, expresan todo en forma tensa, no pueden
concentrarse y se sienten incapaces para iniciar cualquier actividad. Estas
conductas no deben ser criticadas, sino por el contrario respetadas y
entendidas.
Tener un acercamiento crítico en esos momentos es como
prender un botón de alarma, que puede llevar a la persona a profundizar sus
sentimientos de dolor y de rabia, dirigiéndolos contra aquel que no es capaz de
comprender o compartir los sentimientos reales que la embargan.
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| “El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo a cenizas” (Shakespeare). |
En la sociedad actual difícilmente se le autoriza a los
dolientes a expresar su pena en forma natural. Amigos y conocidos, al principio,
pueden escuchar atentos e intentar consolar a la persona que está en duelo, pero
poco a poco van volviendo a la rutina diaria y probablemente van modificando su
actitud, exigiendo al doliente un cambio en su comportamiento y transmitiéndole
mensajes como “la vida sigue”, “no te atormentes más” o “tienes que intentar
olvidar”, “hay que salir y distraerse”. Se tiende a pensar que la pérdida hay
que superarla rápidamente y sin ningún tipo de ayuda, aunque realmente no es
así, el peso del dolor resulta más soportable mientras más espaldas carguen con
él.

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