Es lógico que quienes trabajamos en salud y educación con personas con
capacidades diferentes y necesidades especiales, estemos permanentemente en
contacto con cuadros patológicos de índole diversa. Lo que no significa que
dejemos de llamarlos por su nombre. Y utilicemos el simplismo en el habla y
nominemos a las personas por su enfermedad, y no por su nombre
propio.
Tras un acto escolar en la escuela especial, yo me pregunté, ¿por qué no compartir un mismo espacio para la celebración de la fiesta de fin de curso? Desde el vamos, la misma institución marca la diferencia y la cosificación de los niños al decir “los motores no aguantan”.¿ De qué está hablando la docente? ¿De máquinas cuyos motores están descompuestos y solo “aguantan” poco tiempo? Es conclusión los niños con alguna discapacidad motriz realizaron una muestra en un salón apartado del lugar de la fiesta, sin la posibilidad de compartir el espacio elegido para el evento junto a sus compañeros y a la comunidad educativa.
Otro ejemplo es el comentario de una amiga, ella es médica neonatóloga quien muy indignada me relata de cómo compañeros de la terapia intensiva neonatal, nombraban a los bebés prematuros con el término de“ bifecitos”.
Debemos replantearnos el lugar que le damos al ser humano cuando lo nombramos. Si lo hacemos desde la patología, el cuerpo con déficit, la mente débil, el problema de conducta. Solo estamos dando lugar a una pequeña parte de la totalidad del ser.
Tras un acto escolar en la escuela especial, yo me pregunté, ¿por qué no compartir un mismo espacio para la celebración de la fiesta de fin de curso? Desde el vamos, la misma institución marca la diferencia y la cosificación de los niños al decir “los motores no aguantan”.¿ De qué está hablando la docente? ¿De máquinas cuyos motores están descompuestos y solo “aguantan” poco tiempo? Es conclusión los niños con alguna discapacidad motriz realizaron una muestra en un salón apartado del lugar de la fiesta, sin la posibilidad de compartir el espacio elegido para el evento junto a sus compañeros y a la comunidad educativa.
Otro ejemplo es el comentario de una amiga, ella es médica neonatóloga quien muy indignada me relata de cómo compañeros de la terapia intensiva neonatal, nombraban a los bebés prematuros con el término de“ bifecitos”.
Debemos replantearnos el lugar que le damos al ser humano cuando lo nombramos. Si lo hacemos desde la patología, el cuerpo con déficit, la mente débil, el problema de conducta. Solo estamos dando lugar a una pequeña parte de la totalidad del ser.
El nombre propio otorga un espacio de donde se es reconocido por los otros. Al nacer recibimos el nombre, y con este la herencia que nos incluye en un linaje familiar y cultural. Cuando nace un niño con alguna discapacidad, se produce una brecha inevitable entre el bebé esperado por los padres y el bebé nacido. Los familia deberá transitar de la mejor manera la aceptación de que su hijo nació con necesidades especiales de por vida. Por ello con más razón, la importancia de que desde salud y educación podamos nombrar a la persona, y no a la “patología”.
Un niño ó adulto que sufren necesitan ser mirados y abordados como sujetos del deseo. Esto implica su historia personal, intereses, sentimientos y también con su déficit, pero no sólo desde él.
Podemos utilizar las mejores y más avanzadas técnicas en rehabilitación neurológica, psicomotriz, sensorial, etc. Pero si nos olvidamos a nuestro paciente ó alumno como sujeto; estaremos contribuyendo a su desintegración comos ser humano en vez de ayudarlo a acercarse a su unicidad de la mejor manera posible.
1Bordelois,Ivonne.“A la escucha del cuerpo, puentes entre la salud y las palabras”.
http://www.revistadepsicomotricidad.com/2010/12/la-importancia-de-llamarnos-por-el.html

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