Según el doctor Breggin, gran parte de los síntomas del TDAH son "expresiones normales de niños aburridos, frustrados, asustados, enojados, traumatizados, indisciplinados o solitarios" Los protocolos les describen como "mas activos que impulsivos de lo normal para su edad", pero la normalidad depende de coordenadas históricas, sociales y cuturales: lo que resulta "natural" en una época se considera una desviación en otra. "La tolerancia de una comunidad hacia la agitación de los niños se funda en criterios educativos y en una representación particular de la infancia", explica Bernard Golse.

¿Qué es lo que ha cambiado?: "nuestra sociedad envejecida está olvidando lo que significa ser niño - relfexiona Jose Carlos Tobalina-: no entendemos sus necesidades ni aceptamos sus puntos de vista. Al impedirles expresarse, estar presentes, pierden atención. "Para este educador, un niño con déficit de atención está "mal atendido"; no mal cuidado en lo material, sino en lo respetado".
El TDAH no es, desgraciadamente la unica "rareza", en una escuela convertida en mosaico de "anomalías" que traducen nuestra dificultad para vivir las diferencias, sin temor, y sin la necesidad de marcarlas y separarlas. Etiquetas que amenazan en transformar prevención y tratamiento, en una forma de predición, estilo Pigmalión; en hacer de los problemas una realidad probada, en lugar de contribuir a resolverlos.
El espectacular aumento del TDAH podría deberse a las mayores exigencias escolares desde edades tempranas, escasas oportunidades de juego movimiento autónomo, exceso de estimulación sensorial y falta de apoyo de las familias.
Vivimos un estado de acelearación permanente, en el que no caben la paciencia ni la espera; en una sociedad hiperactiva que, paradójicamente no soporta el movimiento infantil. Les presionamos para se comporten como adultos, obtengan resultados y sean productivos, sin respetar sus tiempos ni sus ritmos.
Por su parte, la tecnología, junto con variables como la pérdida de autonomía y espacios de juegos, favorece el sedentarismo y un exceso de estimulación sensorial. Uno de cada tres niños llega hoy a la escuela con retraso psicomotor. Chris Rowen experta en desarrollo infantil, no duda de que la causa son las pantallas: Les falta movimiento, tacto y contacto humano, necesitan al menos tres o cuatro horas diarias de juego activo". La velocidad de las imágenes, la intensidad de colores y sonidos y el exceso de información generan un etado de alerta permanente que produce agitación, ansiedad e irritabilidad, fatiga sensorial y dificultades para concentrarse. El consumo de tecnología induce a una búsqueda de satisfacción inmediata, justo lo contrario de lo que representa la escuela.
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