El llanto es una forma de comunicación llamativa y excepcional, característica del homo sapiens. Buscando sus raíces evolutivas, Oren Hasson, biólogo de la Universidad de Tel Aviv, en Israel ha llegado a la conclusion de que cuando las lágrimas nublan la vista, nos volvemos más indefensos. En otras palabras, lanzan la señal de que "agachamos la cabeza y admitimos necesitar ayuda"; así despertamos en los demás sentimientos de empatía. El llanto constituye de ese modo a fortalecer las relaciones humanas y a cohesionar la comunidad.
No todas las llantinas remiten a causas psicológicas. Los científicos distinguen entre las lágrimas irritantes, causadas por sustancias químicas, como los efluvios producidos al cortar una cebolla; y las emocionales que se escapan tras una ruptura sentimental o cuando experimentamos un intenso dolor físico.
Lo curioso es que la composición de ambos tipos de secreciones es distinto. Cuando las genera un elemento externo, contienen sobretodo, cloruro sódico. Pero si las gotas son de emoción, incorporan una buena dosis de cloruro potásico y manganeso, neurotransmisores-endorfinas- y adrenocorticotropina -y un analgésico natural, la leucina-encefalina. William H.Frey, bioquímico en el centro médico St. Paul-Ramsey (Minnesota), asegura que este cóctel lleva inequívoca firma química de una alteración sentimental. Por ejemplo, la alta concentración de manganeso en el cerebro se ha asociado con la depresión crónica, mientras que la adrenocorticotropina está ligada al estrés y la ansiedad
Sea cual fuere su función no todos lloramos con la misma frecuencia. Un estudio realizado hace una década reveló que, por término medio, las mujeres adultas lloran cinco veces más que los hombres. Por otro lado, la revista Journal of Social and Clinical Psycology acaba de sacar un informe que arroja nuevas cifras. Por ejemplo, que el 62% de las veces nos desmoronamos en casa. O que cada una de cada tres lloreras tiene lugar entre las diez y las doce de la noche. En cuanto a la compañía, entre un 35% de los casos estamos solos cuando nos deshacemos en lágrimas, mientras que el 36% de las veces nos rodean parientes cercanos. En lo que se refiere a la duración, la media es de cinco a siete minutos, si lo desencadenan el dolor o la tristeza; y de solo dos minutos en los contados casos en que nos emocionamos de alegría.
En definitiva, la finalidad tanto de un simple sollozo como de un auténtico berrinche sería expulsar una parte de sustancias que dañan al organismo (como tomarse un ansiolítico). Un estudio con casi 5000 hombres y mujeres adultos de 30 paises, realizado por J. Rottenberg reveló que en una persona tensa, con el corazón acelerado y alta sudoración, el llanto ralentizaba tanto la réspiración como el ritmo calmante, produciendose así un efecto calmante.
Parece que Aristóteles no iba muy desencaminado cuando afirmaba que "llorar limpia la mente".
Publicado por Elena Sanz en la revista Muy interesante (num.373 Junio)

No hay comentarios:
Publicar un comentario