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sábado, 26 de mayo de 2012

EL TRASFONDO DE LA PSICOMOTRICIDAD (Parte 1)

"¿Estamos preparados para empezar a jugar? ¿si? Pues, traseros pegados al ventanal, pies quieto ¿Preparados? ¿listos?..."
Un grupo de doce niños y niñas de entre 2 y 3 años esperan ansiosos la señal de Caro, la psicomotricista, para arrancar a correr hacia una enorme muralla de piezas de gomaespuma, con el objetivo de derribarla. A este lado quedarán las exigencias, normas, tareas e imposiciones con que los adultos llenamos la vida de la infancia.
"Un, dos, tres, ya", vocea Caro. Y las criaturas corren en estampida hacia la construcción y se ablanzan sobre ella con manos, puños y el cuerpo entero, para derrumbar hasta la última pieza.
Al otro lado de la muralla, ahora en ruinas, se abre la sala de psicomotricidad, un espacio ideado para que el niño se exprese con espontaneidad, sin el corsé de la actividad escolar. Pueden saltar desde el plinto, subirse a las espalderas, jugar con telas, hacer croquetas sobre los colchones, trepar por una rampa, cabalgar sobre las piezas de gomaespuma, etc. ¿Hay límites? Mas bien pautas, las que velan por su seguridad: no está permitido dar empujones, hacerse daño, saltar unos sobre otros o destrozar la construcción de otro compañero.
No se trata de adquirir una habilidad motriz determinada, en absoluto. Entrar aquí significa romper con todo y sentirse libre de experimentar, de expresarse de descubrirse uno mismo. Caro conduce la situación casi desde la transparencia, implicándose aparentemente poco. Su papel es observar y escuchar, ofrecer seguridad, estar al lado del grupo cuando empiece a simbolizar una acción, dar una mirada periférica para que cada niño y niña tengan su momento y, cuando sea necesario, mostrar una actitud empática para ayudar a superar un reto dificil.
"A veces con una simple mirada, el niño te pide que intervengas. Otras veces te lo pide con todo el cuerpo. Tú, simplemente, le proporcionas la compañía, porque cuando se sienten escuchados avanzan en su desarrollo", explica Caro.
La actividad es libre y puede parecer caótica. Pero no lo es: tiempos, espacios, materiales y dinámicas tienen un porqué. Es el trasfondo de la psicomotricidad.

Lourdes Martí Soler
Periodista redactora jefe de Cuadernos de pedagogía

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